Commodity Legal: Una mirada al futuro de la abogacía

Commodity Legal: Una mirada al futuro de la abogacía

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El futuro de la abogacía como una commodity legal no es un tema nuevo, pero sí muy interesante.

Verás, hace un par de días me escribe una persona, muy maja por cierto, y me pide un contrato, le explico lo que hago como lo hago y le ofrezco el servicio con el presupuesto.

Su respuesta: ¡pero si lo puedo encontrar por internet gratis!

Resonó en mi cabeza lo de la abogacía como «commodity legal» que me comentaban allá por 2015.

(El amigo que me lo comentó lee este blog, no se acordará de esta conversación, pero le envío un guiño)

Tú y yo sabemos la diferencia entre un contrato en internet y un contrato redactado a medida.

Esta persona venía con otra idea.

Pero no pasa nada, la conversación explicativa fue muy amena, llamé por teléfono le explique la situación y lo que había sin compromiso.

Luego nos comprometimos pero eso es otra historia.

Estas experiencias no pueden dejarse pasar, así que ese mismo día dije abro melón en linkedin:

Si lees los comentarios de los participantes encontrarás mucha información interesante.

Les seguí tirando del hilo, con preguntas hechas solo por el placer de preguntar, sus opiniones en conjunto no difieren mucho de las mías.

Pero basta de antecedentes, vamos al quid de la cuestión.

¿Qué es una commodity legal?

Llamamos commodity a un bien producido en masa por el hombre, o existente en la naturaleza, que tienen un valor o utilidad y una diferenciación o especialización más bien escasa.

En otras palabras: es indiferente si el maíz fue cultivado en América Latina o en España, la cosa es que necesitas maíz y todos te saben igual.

En el sector legal una commodity sería un servicio que tiene una relativa sencillez y que podría ser llevado a cabo por «cualquiera».

Algunos matices para mejorar el concepto.

Es un elemento en el que llevo pensando desde que me lo nombraron, pues, en general, podemos observar una presión constante hacia la bajada de precios sin querer renunciar ni un poquitito a la calidad.

Eso hace que el cliente busque el máximo valor por el mínimo precio.

En consecuencia, el abogado se ve arrastrado hacia abajo y en una competencia de precios.

Mismo trabajo, menos dinero, no suena bien. Así que hablemos de la

Automatización.

Me gusta que en los comentarios se hable de la automatización. La pregunta formulada por Pablo Maza me hace especial gracia (funfact: me encanta que a la pregunta respondan con otra).

Porque es una cuestión sencilla: ¿este caso es tan complicado para que lo tenga que hacer yo y no un becario?

Lo del becario me da para otro debate, pero te doy un tinte de por donde voy yo y mis pensamientos:

Los becarios son esos diamantes en bruto que han sido formados, y después de varias historias o de ver a un «cliente» que te pide que presentes una demanda de 50 páginas redactada por él, me pregunto hasta que punto ha sido google beneficioso para nosotros.

Pero basta de historias y batallitas.

La cuestión está en que hay algunos casos que, por su dificultad, recurrencia, habitualidad, se pueden automatizar al máximo, con las nuevas tecnologías podríamos optar a personalizarlas un mínimo.

Y voilá.

En palabras de Aitor Mora, jurista y PhD Student que si no lo conoces estás tardando:

Hay servicios rutinarios que se pueden «commodityzar», el ejemplo más típico son algunos contratos. Así una parte del negocio se puede hacer más escalable y accesible a un público más amplio (además de que puedes ganar tiempo para otras tareas).

Me gusta que algo sea más accesible, muchas personas puede que no tengan la posibilidad de tener un buen servicio por poco dinero.

Aunque exista la justicia gratuita ¿por qué no sacarle rendimiento a ese mercado haciéndolo todo más sencillo?

La automatización, escalabilidad y accesibilidad puede jugar en nuestro beneficio por una variante vital:

Tiempo.

Hemos sacado rendimiento a algo que nos quitaba tiempo.

Dedicarnos a lo que de verdad nos gusta.

Tengo este otro amigo, lo echo de menos de cuando en cuando, no tiene tiempo para mi, aunque de uvas a peras dice hola y me vuelve a abandonar.

Pero ¿Cómo va a tener tiempo para un café si quiera? si tiene todos los aspectos de su negocio en sus manos y sus clientes lo necesitan todo para ayer.

¿Cómo tenemos tiempo nosotros? Si también nos encargamos de todo o casi todo en nuestro negocio y somos la orquesta y el director al mismo tiempo.

Renuncias a esto, renuncias a aquello, pero si te das cuenta en tu trabajo hay procesos que son «come tiempo» y podrías mejorarlos u optimizarlos.

Trabajar mejor = más tiempo.

Me gustó mucho la reflexión de Nerea Gonzalez, estudiante de 2º año de derecho:

aquella parte de la abogacía más estandarizado se irá dejando en manos de la tecnología y mientras los abogados nos centraremos en aquello que la tecnología no puede resolver y deberemos especializarnos y diferenciarnos cada vez más.

Las máquinas pueden hacer algo mucho mejor que nosotros: lo rutinario.

A nosotros nos matan las rutinas, porque nos gustan los casos más complejos, estudiarlos y mejorar nuestras habilidades gracias a ellos.

También porque sabemos que en estos elementos más rutinarios el cliente solo quiere a alguien que haga el trabajo y le da igual quien.

¿Escapando de la commodity legal?

Entre los comentarios, podemos encontrar las pistas sobre como escapar.

Todo comienza con un «Depende».

¿De qué depende?

Pues del servicio, prestado, tal como apunta Jordi Maura, pues no es lo mismo un contrato standard que uno hecho por diseño.

Natalia Romero nos ofrece un ejemplo muy visual sobre el paso de lo artesanal a un rol distinto en la abogacía, de transacciones de mayor valor.

Te prometo que en otro momento te digo cuatro cosas sobre el abogado artesano.

La cuestión es que siempre va a existir un núcleo artesanal en el trabajo de la abogacía, porque tal como explica nuestro alto tribunal en una sentencia citada por mi amigo Francisco Adan Castaño:

Sentencia de la Sala 1.ª del Tribunal Supremo español de 22 de enero de 1930 , que me parece totalmente aplicable. Dice al respecto del abogado que : no puede admitirse que el Abogado sea únicamente la persona que con el título de Licenciado o Doctor en Derecho se dedica a defender en juicio, por escrito o de palabra, los intereses y las causas de los litigantes, sino que es el consejero de las familias, el juzgador de los derechos controvertidos cuando los interesados lo desean, el investigador de las ciencias históricas, jurídicas y filosóficas, cuando éstas fueran necesarias para defender los derechos que se le encomiendan, el apóstol de la ciencia jurídica que dirige la humanidad y hace a ésta desfilar a través de los siglos»”

En un sentido más moderno, me gusta mucho lo comentado por Jessica Cubas:

[…]pero hay mucho en donde se requiere mucha estrategia, empatía y aporte, esos nunca podrán serlo.

En la misma línea José Ángel Hurtado lo expresa con palabras que me representan:

Mientras exista margen de interpretación, la abogacía creatividad tendrá camino por recorrer..

Creo que este es el perfecto final y si necesitas más información puedes leer como convertirte en cupcake y dejar de ser una magdalena, tal vez, con estas acciones podrás escapar a las comodities.

P.D Un post especial.

En este post quiero concentrar el saber de personas que cuentan con mi admiración, respeto y amistad.

La abogacía es un terreno precioso para crecer juntos, algo de los intervinientes se queda en mi porque aprendo de ellos.

Creo firmemente en la capacidad de cocreación de los abogados y no hay mejor prueba de ello que contarte sobre las commodities contando conta la opinión de estos profesionales y estudiantes que me han dedicado unos minutos de lo más importante que tenemos:

Tiempo.