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Slow abogacía: una isla en el mar.

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Hoy tampoco estoy en el despacho. He aterrizado en una isla para un trabajo que ya te contaré y va un poco ligado al slow abogacía.

Slow (dance) slow 🎶

El movimiento slow es un término que nace en la Italia de 1986, de la mano de Carlo Petrini y aboga por dedicar el tiempo preciso a las cosas, en el caso original nos referíamos a la comida: slow food.

El concepto de slow food paso a las ciudades, nacieron entonces las slow city.

Luego vinieron otros como el slow sex, slow schooling, slow work…

El libro ‘el elogio de la lentitud’ me miraría de reojo si estuviera en casa, lo tengo en pendientes.

La cuestión es que su autor, el periodista Carl Honoré, repasa los aspectos de nuestra vida que se ven afectados por las prisas.

Te haré el mismo spoiler que me hicieron a mi.

Prácticamente todos los aspectos de nuestra vida se han acelerado.

Tampoco es un gran secreto.

Menos entre los abogados.

¿Quién no conoce esos casos urgentes e importantes que incendian los despachos?

¿Quién no se ha sentido bombero apagando esos fuegos?

Pues eso.

Que la abogacía está en llamas.

¿Podría ser slow?

Algo que me pregunto

Hay una cosa clara en el ejercicio de la abogacía, tenemos muchas cosas, muchas responsabilidades y hay algo ahí que uhmmmmm.

¿Cómo explicarlo?

¿Hay algo que no hace click?

No me malinterpretes.

Simplemente que me llama la atención que muchos compis digan que necesitan chiquicientos casos nuevos para poder vivir dignamente.

Es lo que llaman la rueda del hámster.

Yo incluida, al menos hace no mucho estaba igual.

Llevar una filosofía slow implicaría, a mi entender, empezar revisando las bases de mi ejercicio profesional.

Empezaría con la calculadora, y miraría los ratios, retornos de inversión e índices para hacer un plan de negocios con algo más de cuerpo.

En lugar de pensar que lo mío es suerte.

Haría un análisis de servicios, política de precios y procesos.

Pero volvamos al slow.

Abogacía slow.

Ser slow implica que un abogado debe dedicar el tiempo preciso para cada tarea.

Ni más, ni menos.

Implica que debe entender que echar más horas que un reloj no significa una mayor productividad.

Sino todo lo contrario.

Unas cuantas cosas que me han recomendado hacer para lograr esa vida slow:

  • Abandonar la multitarea y dedicar tu atención al 100% a cada tarea que tengamos.
  • Evitar interrupciones, minimizar notificaciones y todos los vampiros de tiempo.
  • Descansar de cuando en cuando para no sobre cargar la cabeza.
  • Conocer nuestro propio ritmo para dedicar las horas altas a las tareas que requieran más energías.
  • Evitar las ventas rápidas y los trabajos de baja calidad.
  • Aprender a priorizar tareas y objetivos.
  • Apagar el móvil

P.d: de la slow abogacía

ciertamente es un término que ya había escuchado, pero por mi carácter explosivo me cuesta de entender.

¿Cómo no voy a estar en todos los bombardeos, jaranas y jaleos?

Suelen decirme que tengo que echar el freno y descansar un poco más.

Y cada vez más me dicen más compis que van a ir más despacio.

Tendré que investigar más, pero hoy, desde una isla, siendo un punto pequeño en la inmensidad del océano, puedo empezar a comprender porque la slow abogacía es una buena idea.